Hoppe: “La selección de gobernantes por medio de elecciones populares hace esencialmente imposible que una persona decente llegue hasta arriba”

La selección de gobernantes por medio de elecciones populares hace esencialmente imposible que una persona decente llegue hasta arriba. Los presidentes y primeros ministros llegan a su posición como resultado de su eficiencia como demagogos moralmente desinhibidos. En consecuencia, la democracia, virtualmente asegura que solo gente peligrosa llegará a lo más alto del gobierno.

En particular, la democracia promueve un aumento en la proporción social de preferencia temporal, (orientación al presente) o la “infantilización” de la sociedad. Como resultado se produce un continuo aumento del gasto e impuestos, papel moneda e inflación del papel moneda, una inundación sin fin de legislación y una deuda pública siempre creciente. Por el mismo arte y gracia, la democracia lleva a menores ahorros, una incertidumbre legal aumentada, confusión moral,  desenfreno y crimen. Más aún, la democracia es una herramienta para la confiscación y redistribución de la riqueza y los ingresos. Incluye la “toma” de la propiedad de unos, (los “poseedores”), y la “entrega” de esa propiedad a otros, (los “no poseedores”).

Y puesto que presumiblemente es algo con valor lo que está siendo redistribuído — de lo cual los poseedores tienen demasiado y los no poseedores demasiado poco, cualquier distribución tal implica que el incentivo para ser o producir algo de valor es sistemáticamente reducido. En otras palabras, se incrementará la proporción de gente “no tan buena” y los rasgos, hábitos y formas de conducirse “no tan buenos”, y la vida en sociedad se irá haciendo cada vez más desagradable.

Hans-Hermann Hoppe

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