Rallo: “Nadie, salvo el propietario, tiene capacidad para determinar qué puede y qué no puede hacerse en su propiedad”

Nadie, salvo el propietario, tiene capacidad para determinar qué puede y qué no puede hacerse en su propiedad. El Estado no tiene capacidad para prohibir fumar, lo que no significa, en ningún caso, que el fumador puede coaccionar al propietario para que le permita fumar. Este principio tiene su contrapartida. Si el propietario establece que se puede fumar en su propiedad, el no fumador tampoco tiene capacidad para exigirle su prohibición; debe ser el visitante quien acepte las normas del propietario, y nunca al revés.

El problema de fumar en una “propiedad pública” presenta una disyuntiva irresoluble si pretendemos mantener esa fantasiosa “propiedad pública”. Los adalides del estatismo nunca alcanzaron a entender que si propiedad implica subordinación a los deseos del propietario, una propiedad universal necesariamente presenta conflictos de intereses, que llevarán a que se imponga la visión de una de las múltiples partes en discordia. De esta manera, si un parque público en Madrid es propiedad de todos los españoles, ¿cómo decidir si es lícito fumar o no? Se adopte la decisión que se adopte una parte de los españoles verá pisoteados sus derechos sobre lo que, en teoría, es su propiedad. Ante esta evidencia, la única solución es privatizar y que el propietario decida.

Juan Ramón Rallo

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